jueves, 21 de febrero de 2013

Por un proceso constituyente

Os dejo la tribuna que me han publicado hoy en Diario La Rioja:


En estos días de convulsiones y de sonrojo social permanentes, muchos ciudadanos comienzan a darse cuenta de que la solución a los problemas del país no pasa por la sustitución de los gobernantes de un partido político del Régimen por los de otro partido político del Régimen. Necesariamente, la respuesta a la profunda crisis que vivimos pasa por la modificación de las reglas de juego y por la expulsión del poder público de los beneficiarios de este corrupto sistema político, económico y social. 

Está claro que el Régimen está nervioso, los ciudadanos poco a poco van tomando conciencia se están levantando del sofá y salen a la calle a protestar por tanta desigualdad y reclamar unos derechos propios de un Estado Democrático y Social de Derecho. Este miedo que el Régimen tiene, lo estamos viendo con, identificaciones arbitrarias por la policía, multas por participar en protestas, pelotas de goma en manifestaciones como las lanzadas a diestro y siniestro el pasado 14N. 

La Carta Magna fue elaborada en la transición bajo el predominio de los herederos de la dictadura y bajo la vigilancia y presión de unas fuerzas armadas, en aquel entonces, dominadas por sectores claramente antidemocráticos. Es obvio que, entonces, supuso la vía de salida de la dictadura y, por ello, fue ampliamente ratificada por la ciudadanía del momento. Pero realizó un diseño constitucional receloso de la posible participación democrática de los ciudadanos, que no establecía garantías efectivas de los derechos económicos y sociales, que creaba un indefinido Estado autonómico, que convalidaba una jefatura del Estado designada por el dictador y que entregaba todos los poderes del Estado en manos de un Régimen bipartidista instaurado por el PP y el PSOE gracias a una Ley Electoral injusta. El PP y el PSOE se han ido turnado el poder público y durante todos estos años han ido desmantelamiento el Estado social que los ciudadanos nos habíamos dado. 

Casi 35 años después de la aprobación de la Constitución de 1978, los actuales ciudadanos y ciudadanas españolas, la mayoría de los cuales no votamos el texto constitucional, no podemos seguir asumiendo unas reglas de juego que, además de ser realizadas en un clima de libertad tutelada, han sido aún más adulteradas por el desarrollo normativo y las prácticas de una política corrompida. 

En agosto de 2011 PP y PSOE se pusieron de acuerdo para incluir el techo de deficit y la prioridad en el pago a los acreedores como principio constitucional, la reforma se hizo por el procedimiento ordinario, que no requiere de un referéndum para su aprobación y necesita del acuerdo de tres quintas partes de las Cortes. El otro procedimiento, que necesita del apoyo de dos tercios de las cámaras y de un referendum que lo corrobore, es el que lleva a los constitucionalistas a definir la del ’78 como una Constitución “rígida”, difícilmente reformable, donde además toda iniciativa de cambio corresponde al sistema parlamentario. 

Este documento rígido se ha convertido, en un texto de “principios” que no puede asegurar algunos derechos como el acceso a la vivienda, la sanidad o la educación. 

Ante esta situación, se hace imprescindible sacar conclusiones de lo expuesto. Y la más importante de todas, en mi opinión, es que los ciudadanos no podemos esperar que quienes generaron este texto constitucional, lo han aplicado de manera tan equivocada y se han beneficiado del mismo, sean los que asuman la misión de transformarlo en un modelo democrático, garantista, en donde solo reine la igualdad, la libertad y la justicia y no persona alguna. 

Ante todos estos atropellos, los ciudadanos debemos impulsar un proceso constituyente con una democracia participativa donde las decisiones sean de la mayoría y para la mayoría. Tenemos que cambiar de rumbo, un rumbo marcado por los de abajo, y no los intereses de los grandes poderes financieros. 

Paul Auster, cuando fue preguntado en un café de Brooklyn sobre lo que inspiraba sus relatos, comentó que «para los que no tenemos creencias religiosas, la democracia es nuestra religión». De hecho, la democracia también es la religión de todos los que no soportan que se tergiverse la verdad para engañar a los necios, y piensan en cómo dejarles a las futuras generaciones un lugar decente donde vivir. Lo contrario es apostar por que todo siga igual de mal.

jueves, 7 de febrero de 2013

lunes, 14 de enero de 2013

Globalización y Derecho



El proceso de globalización hay que advertir que no tiene porque ser ni bueno ni malo, lo malo puede ser la lectura que se haga de ello.

La globalización implica una pluralidad de procesos (económicos, políticos, culturales, sociales,..) Bajo esta diversidad de procesos hay unas relaciones de poder y dominación. Podemos hablar de una globalización desde arriba y de una globalización desde abajo.

La globalización desde arriba es la que se impone, es la que representa los intereses de algunos Estados y desde los “mercados”. Esta globalización atiende a unos intereses muy concretos, las consecuencias de estos pueden proyectar una imagen negativa del conjunto de la globalización. La globalización desde arriba está dominada por una visión economicista. Esto lo explica Vicenç Navarro diciendo que la globalización sería una internacionalización de la economía que favorece a las clases dominantes del Norte y del Sur sobre las clases dominadas del Norte y del Sur.

Es una globalización que pretende imponer la ley del mercado como único instrumento de regulación social. De esta forma todo el aparato jurídico-político debe ir destinado a la apertura de los mercados, a que no haya ningún límite externo al funcionamiento de los mercados, que vayan destinados a establecer condiciones favorables a los intereses de los macroagentes privados. Más en concreto en los sistemas jurídicos nos encontramos normas que avanzan a liberalizar los mercados, favorecen la movilidad de capital, pero no encontramos normas para favorecer las situaciones de desigualdad. Los informes de organizaciones internacionales denuncian estas situaciones de desigualdad entre países y también dentro de los países. Nos encontramos normas que regulan la concentración de capital, que evitan la deslocalización de empresas , que regulan los movimientos financieros, etc.

Otra consecuencia de esta globalización desde arriba es el debilitamiento o pérdida de influencia de los espacios tradicionales de decisión (los Estados). Con la imposición de la lex mercatoria tienen menos poder los Estados en pro de los “mercados”. Esto tiene repercusión en los derechos fundamentales, ya que los estados son los que deben garantizar estos derechos y están debilitados. También se produce una crisis de decisión. Se trata de que se facilite la gobernabilidad, que se marquen políticas que se preocupen realmente por los derechos de las personas.

Como consecuencia de la lex mercatoria tiene lugar un proceso de desjudicialización y de desregulación a nivel local, y esto pone de manifiesto una crisis en el sistema del Derecho.

La globalización desde abajo es la impulsada desde algunas ONG´s; tiene mucho más que ver con el rebajo en red de los foros sociales. Con esta globalización se pretende una sociedad global construida desde el compromiso de los Derechos Humanos, en particular en los derechos económicos, sociales y culturales. Estos derechos son igual de fundamentales que los derechos civiles y políticos porque su objetivo es el mismo: que la persona tenga una vida digna. En la globalización desde abajo es importante que la relación entre los derechos económicos, sociales y culturales y los derechos civiles y políticos sea indivisibles y necesaria, si no hay unos no hay otros. 

lunes, 31 de diciembre de 2012

lunes, 24 de diciembre de 2012

domingo, 9 de diciembre de 2012

sábado, 17 de noviembre de 2012

El #14N el Regimen defendiendo los intereses de banqueros y ladrones




Video de CC.OO. de La Rioja donde se ver el caluroso recibimiento al piquete informativo en su concentración frente a BANKIA, en Logroño por parte de la Policia.